Todo el mundo incluso una opositora puede tener un mal día

Reconozco que ayer,  martes, no fue precisamente mi día preferido, con lo que una vez pasado, solo esperaba comenzar de nuevo con la rutina de cada día para que fuera avanzando la semana.

Mi sorpresa fue cuando hoy miércoles me levanto posando en el suelo la pierna equivocada.

Me levanto con sueño, pereza, sin ganas de hacer nada, como si las ilusiones y esperanzas de todo el año se hubiesen esfumado por la ventana.

Me ducho, me caliento un café, mientras miro como amanece, sabiendo lo que me espera durante todo el día.

Quizá el hecho de que sea predecible es lo que me hace sentirme así.

Un montón de apuntes encima de la mesa, un calendario de propósitos perfecto, unos maravillosos mapas mentales, unos colores y resúmenes impecables…. Pero…. hoy mi cabeza se niega a todo.

¿Y es que un opositor no puede tener un mal día, ¿Y porque no volver ese mal día en un día perfecto?.

El telediario anunció una falsa primavera, me pongo unas mallas negras, ese jersey que mi madre dice que tire y mis playeros preferidos.

Salgo a pasear sin rumbo.

Cuando llevo casi 15 minutos paseando, aparecen ante mí pensamientos cercanos, vuelven a crecer mis deseos se ser quien quiero ser, mi fuerza para dar el siguiente paso.

Pienso que días como hoy son la perfecta ocasión para encontrarme con mis sueños, para oír a mis niños gritando en el patio, para sentir el olor a goma y lápices, para ver correr disfrutando a muchos mandilones a la vez.

Y me restauro y me encuentro de nuevo con mi verdadera vocación.

 Y pienso, …

Bueno, tonta, un mal día o tiene cualquiera.

Ya lo dijo Escarlata… Mañana será otro día

 

Kadoora, te abrimos las puertas del cole

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