Ser una buena maestra

Tu trabajo como profesora es un viaje.

Ya sea que dure 30 años o cinco, tu viaje como maestra empieza cuando empieza y termina cuando termina y, a lo largo del camino, con suerte, habrás hecho todo aquello que creías más razonable. Y no hay más. Esto se puede aplicar a todos los ámbitos de tu vida; desde las relaciones, hasta la crianza de los hijos, la compra de un piso o la decisión de retirarte.

 

A veces durante este viaje cuesta saber cómo lo estamos haciendo. Es complicado ponernos en perspectiva y hacer balance, ¿cómo se puede medir la buena enseñanza?

Quedarnos con las notas de nuestros alumnos es muy reduccionista; sobre todo si partimos de la base de que, enseñar es muchísimo más que transmitir unos conocimientos sobre historia, matemáticas, inglés, etc.

 

De un modo más abstracto, una buena enseñanza podría estar relacionada con la calidad de vida de tus alumnas y alumnos después de compartir parte de su educación contigo. Pero claro, es algo que no tiene límites por qué.. ¿hasta qué punto tú has influido en ellos y en su futuro?

 

Pero puedes hacerlo con “otros datos”; una nota de agradecimiento de un padre, la sonrisa de un niño, un estudiante que se implica mucho en un trabajo o simplemente que hace una pregunta interesante durante una clase. No hay reglas sobre ello.

 

Puede parecerte poco.

Simple.

Sin más.

 

Pero siendo educadora, los días son inesperados; te vas a encontrar días de todo. Y aceptémoslo; habrá días malos. Algunas lecciones, clases de alumnos o incluso años escolares te desafiarán en todos los aspectos: intelectual, profesional, físico y psicológico.

Habrá días en que tu paciencia llegará al límite y te sentirás sobrepasada, que no puedes más.

También habrá momentos en que te vas a cuestionar a ti misma, te preguntarás si lo estás haciendo bien, si tomaste la decisión acertada y un montón de dudas más te asaltarán.

Cualquier trabajo tiene días de estos. Es algo normal que tenemos que aceptar.

 

Por eso es importante encontrar pequeños puntos de información, formales o informales, que tengan sentido para ti y que te permitan saber que lo estás haciendo bien.

 

Ya te lo hemos dicho al principio, enseñar (igual que opositar) es un viaje. Y durante un viaje hay momentos increíbles que guardas como un tesoro (y recuerdas incluso décadas más tarde) pero también hay contratiempos. Situaciones inesperadas que nos descolocan y nos dejan un poco más fríos y sin ánimos.

Hay algo común en la mayoría de viajes largos y es lo mucho que se crece en ellos.

Y en este viaje que es ser maestra, crecer también es un requisito y una consecuencia importante.

 

Algunos días o incluso semanas, puede que retrocedas un poco y que parezca que, en lugar de ir hacia arriba, vas hacia abajo. No obstante, lo que estás haciendo es coger más impulso para dar un salto hacia adelante.

 

Si la calidad de la enseñanza fuera un gráfico no sería regular. Subiría y bajaría por las decisiones que tomamos, a veces desacertadas, y por las decisiones que toman otros. Lo importante no es que sea irregular, lo importante es que a la larga, con el tiempo, vaya aumentando.

Nadie nace sabiendo nada. Se aprende con el tiempo. Una carrera no te da todos los conocimientos para ser maestra, ni las oposiciones, ni un libro o un curso. Es el conjunto más la práctica. En el día a día es cuándo vemos realmente de qué va esto. Lo que te moldea como profesora es la experiencia que vas ganando y las ganas de seguir aprendiendo tú y ser una mejor versión de ti como mujer y como maestra.

 

Necesitas creer que eres una buena docente y que lo estás haciendo bien. Encuentra estas pequeñas señales que te indican que vas por buen camino y mira el conjunto entero.

No dejes de entusiasmarte, de buscar  nuevas ideas y de intentar mejorar como maestra. Confía en que dentro de cinco años, vas a ser un poco más eficiente, un poco más sabia y vas a conocer nuevas ideas, estrategias, formas de educar y pensamientos que pueden ayudarte a hacerlo tú un poquito mejor y a que tus alumnas y alumnos también lo hagan mejor.

 

Para que tus alumnos crezcan, necesitas hacerlo tú primero. El viaje empieza contigo.

¿Cómo mejorar como profesora? Un poquito cada día

 

 

FormArte, el arte de formar.

 

 

 

 

 

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