Reflexiones de fin de curso

Resultado de imagen de final de cursoYa ha terminado un curso más. Parece mentira, ¿no? ¡Cómo de rápido pasa el tiempo…! Si casi parece que fue ayer que estábamos a principios de septiembre con los nervios a flor de piel preguntándonos cómo serían nuestros alumnos, qué tal iría el curso y si lograríamos todos los objetivos propuestos.

 

Pero hace ya 9 meses de todo aquello. Y, desde mi punto de vista creo que cada curso te cambia un poco y la maestra y mujer que llega a junio no es la misma que comenzó en septiembre.

Quizás es porque aún soy bastante novata y cada año es muy intenso o quizás es que yo soy como soy y lo vivo todo con mucha intensidad.

 

Mantengo los ojos muy abiertos impregnándome de todas las experiencias que voy viviendo, tanto en clase como fuera de ella. Porque, como ya se ha comentado más de una vez, las horas que pasamos dentro del aula son una parte del trabajo. Fuera de esas cuatro paredes hay muchas más vivencias y situaciones que te obligan a adaptarte y aprender.

Y, sin duda alguna, adaptarse y aprender han sido dos de las máximas que han estado presentes. Adaptación…

 

“Adaptación es un concepto que está entendido como la acción y el efecto de adaptar o adaptarse, un verbo que hace referencia a la acomodación o ajuste de algo respecto a otra cosa.”

 

La vida en sí misma ya te pide a gritos adaptarte constantemente a nuevas situaciones, circunstancias inesperadas y hechos que ni estaban previstos ni venias a venir. Sin embargo, si en la ecuación le sumas alumnas y alumnos con personalidades y edades muy distintas, padres con sus propias ideas, compañeros con perspectivas distintas y algunos complementos más…es adaptarse o morir.

Muchas veces las cosas no salen como las planeas. Un ejemplo muy tonto; tienes en mente una actividad que te parece lo más.  Llevas días preparándola con mimo, atando cabos, decidiendo cómo llevarla a cabo y preparando el material. Te crees que tus alumnos te verán como la profe más enrollada del planeta y ¡menudo subidón!

Hasta que llegas al aula, intentas hacerla y… sale una chapuza. Ni se ha podido desarrollar como esperabas ni les ha gustado tanto. DECEPCIÓN.

 

Al principio te fastidia un poco y te da el bajón. No terminas de entender qué ha fallado y te sientes frustrada por la dedicación. Parece que no ha servido de nada.

Pero sí que sirve. Sirve porque te ayuda a sobrellevar esa frustración y también a conocer mejor a tus alumnos, lo que es todo un reto… pero al mismo tiempo es apasionante. En un principio son lienzos en blanco para ti. No les conoces, no sabes como serán a parte de algún comentario por parte de otros compañeros. Pero a medida que compartes tiempo con ellos vas descubriendo sus gustos, sus puntos fuertes, cómo son… y tienes la misión de ayudarles a sacar lo mejor de si mismos. De transmitirles la pasión por aprender, por llegar más lejos y la confianza para hacerlo.

 

Y hablando de confianza, te das cuenta de que, a veces, la falta de ella es precisamente uno de los grandes hándicaps a los que se enfrentan. Sobre todo cuando son un poquito más mayores. Necesitan creer más en ellos y en sus posibilidades y no rendirse antes de empezar porque creen que no son capaces.

También una misma gana confianza a medida que pasan los meses. Aunque a veces flaquee, tengas un mal día y creas que no puedes más, no vale darse por vencida. Hay que llegar al día siguiente con más ganas. Tenemos una gran misión entre manos. Ser maestra es todo un challenge pero estamos luchando por algo realmente importante: por una educación mejor y por una futura generación mucho más preparada, motivada y entregada.

 

Me gusta pensarlo cuando no doy más de sí. Me gusta creer que.. Estoy contribuyendo a algo por pequeñito que sea.

 

Seguro que recuerdas a algún profe con mucho cariño, ya sea porque sus clases eran divertidas, porque os transmitía su pasión o porque desprendía un buen rollo brutal. Yo quiero ser esa profe. ¿Por qué? Porque era el tipo de maestro/a que conseguía que aprender fuera interesante y, es más, que te apeteciera.Resultado de imagen de cariño a los profesores

Porque ha habido muchos días que he salido de una clase sintiéndome muy feliz al ver que mis alumnas y alumnos participaban, entendían conceptos nuevos o se lo pasaban bien durante la clase. También cuando cooperaban entre ellos trabajando en grupo independientemente si lo hacían con sus amigos o no. O cuando notaba que eran una piña y que habíamos conseguido una clase unida en que todos se sentían parte de ella.

 

Durante un curso pasan muchas cosas. Buenas, malas y regulares. Y, de la misma forma, tú tendrás días iguales.

Habrá compañeros, alumnos y padres con lo que será mucho más fácil tratar y otros que costará un poquito más. Habrá situaciones que te descolocarán y tendrás que lidiar con hechos que te pondrán a prueba.

Sí, es complicado a veces. Pero también es maravilloso.

 

Te hace más fuerte, más capaz y te ayuda a abrir la mente.

Y también te deja recuerdos muy bonitos.

 

Resultado de imagen de desconexionLlega el verano y nuestro momento de desconexión. Recargar pilas, inspirarse, coger nuevas ideas y acumular las ganas para volver en septiembre.

 

¡Porque el próximo curso estará lleno de nuevas vivencias!

¡Y porque año tras año, lo haremos mucho mejor!

 

Kadoora

 

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