Lo que puedes aprender cuando opositas

No te juzgues cuando tengas un mal día. No te juzgues si hoy necesitas levantarte ochenta veces de la silla con cualquier excusa tonta. No te juzgues si a media tarde no estás concentrada y necesitas salir a respirar aire fresco o si llamas a tu hermana con las lágrimas a punto de salir para decirle que no puedes más.

No te machaques por no ser tan productiva como te gustaría cada día. Ni por tener días en que estás más apática y cansada. ¿Qué ser humano no se siente ningún día de su vida cansado?

No le estás fallando a nadie cuando decides colgar el hábito por un día.

No te estás fallando a ti.

 

No te juzgues creyendo que deberías llevarlo mejor o que no has conseguido tus objetivos. A veces no son realistas y otras veces simplemente suceden cosas que no podemos prever.

Lo hecho, hecho está. ¿Ahora de qué sirve lamentarse? No pierdas el tiempo echándote la culpa. Una culpa que no te hace bien y que solo te hunde más.

¿Piensas que no estás dando lo suficiente?

Date espacio y date tregua. Te la mereces.

¿Te das cuenta de que no eres la misma persona que cuando empezaste a opositar?

Y esta es una de las mejores cosas que te puedes llevar; todo lo que estás aprendiendo a lo largo del camino. Por ti y para ti.

 

¿Quién te hubiera dicho a ti que te levantarías a las seis de la mañana por propia voluntad? Y que, a pesar de ser no ser capaz de tener el armario ordenado más de dos días seguidos, tus apuntes siempre estarían en su sitio y ordenados. El orden ha entrado en tu vida de una forma que jamás hubieras pensado.

Por no hablar del máster que te has sacado en planificación. Del estudio obviamente, pero también de tu vida. Y de cómo has aprendido a sacar ratitos de dónde antes parecía que no existieran. Le has dado otro valor al tiempo, aunque haya días en que parezca que se te va de las manos y corra demasiado.

Y hablando de dar valor, ahora eres capaz de vivir al 2.000% algunos de los planes que puedes permitirte el lujo de no sacrificar. Son pocos,es cierto, pero intentas maximizarlo, vivirlo tanto como puedes siendo consciente que no sabes cuando será el próximo.

 

Y la santa paciencia con la que te has armado. Es difícil luchar por algo a largo plazo hoy en día. Vivimos en un mundo de inmediatez y tú parece que vas a contracorriente.

Cuando los trabajos se empiezan, terminan, se cambian y casi nadie se plantea quedarse para toda la vida, vas tú y decides que quieres tu para siempre.

La paciencia de avanzar poco a poco. De dejar pasar los días malos. De aprovechar los buenos. De intentarlo una vez más.

Cada experiencia es una ocasión para crecer un poquito más.

 

También te ha dado la oportunidad de conocer a nuevas personas que están en la misma situación que tú. Opositoras a las que admiras y de las que aprendes. ¿Quién dijo que después de los 30 no se podían hacer amigos? Porque sabes, a ciencia cierta, que de las oposiciones te llevas una pequeña familia con la que compartir mucho más que apuntes y conversaciones sobre el temario, las pruebas y las plazas. Has trazado un vínculo con ellos en el momento en que compartiste por primera vez tus miedos, tus dudas, tus sueños…

Porque las amistades, en parte, son eso, ¿no? Compartir aquello que llevamos dentro.

Pero no son sólo las personas que has conocido a raíz de la oposición. Son también las personas que ya estaban ahí antes de que tomaras la decisión. Las que, aunque no puedan comprenderte y a veces les quede un poco lejos tu realidad, intentan apoyarte como buenamente saben. Las que, a pesar de solo poder decirte “ánimos, tú puedes con esto”, te escuchan aunque les vuelvas a repetir lo mismo o les hables de tu programación y no entiendan de la misa la mitad, te abrazan, te llevan de cañas y todos los pequeños gestos que te dedican. Porque te quieren, porque están contigo aunque no te comprendan.

 

Y hay algo más increíble en todo esto. Y eres TÚ.

Sí, TÚ. Lo que estás sacando de ti y no tenías ni puñetera idea que llevabas dentro.

Has aprendido a chutarte tus propias dosis de motivación y hacerlo de forma intrínseca. A sacarte de ese agujero en el que a veces te metes. A mandar callar la vocecita esa que te toca los ovarios cuando le apetece. A defender con uñas y dientes tu elección. A pelear día a día sin garantías.

 

Y si estos no son motivos suficientes para sentirte orgullosa de ti y de tu decisión, ya me dirás tú cuáles lo son.

 

 

FormArte, el arte de formar.

 

 

 

 

 

 

 

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