Las tres claves para una buena gestión del comportamiento en clase

Un aula bien administrada es el primer paso para un año exitoso y hoy te queremos contar algunos de los secretos para conseguirlo. Sí, hay muchas técnicas de administración y gestión del aula que se pueden utilizar y que darán buenos resultados.

Sin embargo, estas técnicas son como el azúcar glass que se le pone encima del bizcocho. Le dan un toque final dulzón fantástico pero si el bizcocho está bien hecho, no es necesario ponerlo. Por ello, si preparas bien a tus alumnos para el éxito conductual, no necesitas aplicar herramientas o técnicas extras.

Entonces, ¿Cómo crear esa base de comportamiento?

Para ello necesitas solamente tres directrices:

Ser específica

Ser consistente

Y una buena dosis de amabilidad.

Sé específica con lo que quieres y no quieres. Sé consistente con sus consecuencias. Sé amable y comprométete.

Comencemos con la primera parte:

Ser específica

Construye una base sólida a través de rutinas y procedimientos, enseñados explícitamente. Las rutinas son la base de todo.

Empieza con las reglas generales del aula. No solo se trata de enumerarlas y esperar que las sigan, sinó hablar de ellas. Permite a tus alumnos que formen parte de la creación de las reglas y de lo que esperas de ellos. Hablar sobre qué significan esas normas, poner ejemplos de cómo seguirlas, debatirlo con ellos, preguntarles acerca de su opinión… ellos forman parte del aula y son ellos los sujetos activos ¡dejémosles que se expresen!

Y hablando de ser específicos… seámoslo también con los comentarios que hagamos. Si felicitamos a un alumno, expliquemos por qué lo estamos felicitando, qué nos ha gustado de su conducta. Y lo mismo cuando toca dar una regañina. Recuérdale que hablamos de las normas y coméntale qué norma no está cumpliendo. De este modo, estamos dotando a nuestros estudiantes de la capacidad de entender mejor su comportamiento.

Cuando hablas y explicas a tus alumnos qué esperas que suceda en clase, da resultados magníficos ya que normalmente dan eso ¡y más!

Muchas veces no es que no quieran hacer las cosas, sino que no saben qué se espera de ellos. En cambio, si saben exactamente qué hacer, cuándo hacerlo, cómo ejecutarlo y qué no hacer, no hay mucho espacio para mucho más.

Obviamente, habrá estudiantes que pasarán olímpicamente pero lograrás el éxito con muchos de ellos.

¿Cómo implementar estas normas?

Debe haber un procedimiento o rutina para TODO. Y cada uno de estos procedimientos debe enseñarse explícitamente a la clase. No hay mejor tiempo dedicado en todo el año que el tiempo que se invierte para configurar las rutinas de clase.

Algunas de las rutinas más importantes que debe enseñar específicamente durante los primeros días de escuela son: qué rutinas matutinas hay, cómo se trabaja, qué hacen los alumnos al terminar el trabajo, cómo será la rutina de recoger al terminar las clases, etc.

Cuando empiezas las clases, tienes la sensación que debes empezar con el plan de estudios desde el primer minuto. Sino, ¿cómo lo terminarás? Es tentador olvidar las rutinas y las normas y empezar por la chicha de la asignatura.

Peeeeeeeeeeeeeeeeeero

Merece más la pena asentar primero las bases de un buen comportamiento. Es mil veces más fácil avanzar en el temario cuando no tienes que repetir y redirigir 14 veces una lección porque tus alumnos no saben qué hacer.

Ser consistente

La segunda parte esencial para asentar las bases de un bien comportamiento es la consistencia; mantenerte constante. Si la gestión del comportamiento empieza con las rutinas, termina con la coherencia.

Todo se irá al garete si no es coherente.

Desde el momento en que configura las reglas / rutinas / procedimientos de clase, también debe haber consecuencias posteriores por no seguir las expectativas descritas. Obviamente, estas diferirán en función de muchos factores.

La consecuencia en sí misma, no es tan importante. Lo verdaderamente importante es ser consistente y mantenerte firme, especialmente al principio.

Es muy fácil sonreír y echarse atrás, tal vez dejar pasar algunas cosas durante las primeras semanas. Resiste la tentación, aunque te cueste.  Es durante estas primeras semanas cuando tus alumnos aprenderán más sobre ti según la forma de reaccionar en cada situación y eso marcará también su comportamiento.

Y esto se aplica para todos y cada uno de tus alumnos. Por mucho que el alumno/a más dulce y callado tenga un mal día y no se comporte como debe y tú estés tentada a dejarlo pasar… no. Sé coherente con lo que dices y pides a tus alumnos. Si ellos saben que esperar, eso aumenta la confianza.

Ser amable

Esto es lo que te diferenciará de muchos otros educadores. Este es a menudo el paso más difícil porque la naturaleza humana es reaccionar a la desobediencia con frustración y enfado.

Saca tus emociones de la ecuación y no te tomes los malos comportamientos a pecho o como algo personal. Realmente tienen poco que ver contigo.

Cuando tienes que castigar o reprender a algún alumno, hazlo de forma rápida y específica. Después, move on. Sigue adelante.

No continúes sacando a la luz el comportamiento incorrecto. Una vez el estudiante en cuestión se comporte correctamente, elogia el comportamiento corregido y sigue.

Al hacer esto, te estás enfocando en el comportamiento en sí, NO en la persona.

Y esto es importantísimo. Que ellos comprendan que los aprecias a todos y que sabes que el alumno y su comportamiento NO son lo mismo.  Sin embargo, hay comportamientos que no vas a aceptar y que tienen sus consecuencias. Este es un mensaje importante para ellos y muy necesario de aprender.

De los errores se aprende, pero no se vive en ellos.

Y estas son nuestras tres claves para gestionar el comportamiento en clase y que todo vaya como la seda. No siempre será un camino de rosas pero te garantizamos que será muchísimo más fácil.

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