La verdad de ser opositora que nadie te cuenta.

Ser opositora es jodido a veces. Te lo digo por experiencia.

Para todos aquellos que no lo conocen de cerca parece algo fácil. Solo tienes que estudiar, no puede ser para tanto. Y se quedan tan anchos.

Las personas que te rodean, que te conocen y que viven esta situación de cerca, asumen un poco mejor la complejidad de la situación y que es más complicada de lo que se imaginaron cuando les dijiste que pensabas opositar.

Sin embargo, aunque intenten ayudarte, ponerse en tu lugar y empatizar contigo, no pueden llegar a comprenderlo en toda su magnitud. Hay que vivirlo para saber realmente lo que significa opositar, todo lo que sacrificas y la frustración que la acompaña.

Y no hablo solo de la frustración e impotencia de pasarse meses preparándose para no conseguir tu plaza.

Este momento duele. Duele de verdad y te sume en una desilusión importante. Has peleado mucho, has dejado pasar muchos momentos por esto, te has vuelto un poco loca, has llorado, has tenido días de apaga y vámonos y… no hay sitio para ti.

Es como si empiezas a correr para llegar a un lugar y, aunque parecía que te sabías el camino y que no estaba tan lejos, no consigues llegar nunca. Y sigues corriendo y empiezas a estar muy cansada, tus piernas desfallecen, te duelen, te quedas sin aire, anoche, apenas te queda agua… pero no ves el final nunca. Entiendes de lo que te hablo, ¿verdad?

 

Pero no es solo el final lo que te quita la vida. Ojalá.

Hay mañanas en que te levantas y no te apetece salir de la cama. No te apetece porque sabes que no tienes ningún lugar al que ir. Tu puesto de trabajo está a unos cuantos metros de distancia, en esa mesa llena de tus apuntes, libretas y los malditos bolígrafos y subrayadores de colores que te compraste con toda tu ilusión para esto. Por no hablar de los post-its, la agenda, el planificador semanal y una larga lista de material.

A veces odias las paredes, el escritorio, la silla y aborreces tu propia casa porque la tienes demasiado vista y te recuerda que aún no lo has conseguido. A ratos es como una cárcel.

Al principio te vestías para empezar el día y ponerte a estudiar. Ahora ya ni eso. Tal como te levantas, te preparas un café y te sientas en la silla.

 

Y eso agota. Sobre todo emocionalmente.

 

Como cuando sientes que no estás avanzando, que estás teniendo un mal día y que te está costando más de la cuenta. Que empiezas a llegar a tu límite, estás cansada, cada vez se acerca más el examen, no te está saliendo algo que en teoría era fácil y no puedes más. Quieres llorar o directamente lloras porque total, no hay nadie más para verlo y sentir tus sollozos. Y con las lágrimas aún en los ojos, sigues. Porque es tu maldito trabajo en estos momentos y porque no hay otra opción que hacerlo.

 

Te sientes sola muchas veces. La soledad es muy jodida porque realmente no estás sola. Tienes familia, pareja y amigos a los que sabes que puedes llamar. Pero también sabes que lo máximo que te dirán es: venga, va, ánimo que tu puedes.

Y no quieres escucharlo una vez más. Por mucho que sepas que lo hacen con la mejor intención del mundo.

 

Te sientes sola viviendo unas circunstancias que solo lo que están en el mismo proceso pueden comprender. Cuesta entender que tu vida gira alrededor del estudio.

Un mal día en el trabajo se deja de lado al salir del trabajo. Una semana infernal se olvida un poco al llegar el fin de semana. Aquí no. Un mal día no termina hasta que te acuestas si, con suerte, te levantas con otro ánimo a la mañana siguiente. Y el fin de semana deja de existir cuanto más se acerca la oposición.

Y cuando vas sumando días y semanas malos, se acumulan y terminan por robarte la energía y hundirte. Una oposición puede desmoronarte.

 

¿Y sabes lo que pasa?

Que sólo puedes salir de esto tú solita.

Cuando crees que no puedes más eres TÚ la que se levanta, se dice que es capaz y sigue luchando y batallando. La que saca la fuerza que le queda, la motivación de vete tú a saber dónde, se sienta en la silla y persiste.

 

Y,  ¿te puedo decir algo más? Opositando he aprendido que soy mucho más fuerte de lo que jamás pensé. Que sí, que puedo superar lo que me pongan por delante. Que esta vida es mía, que un día fui valiente o una loca, quién sabe, y aposté por esto y aquí estoy. Peleando con uñas y dientes.

No tengo la certeza de que este año conseguiré mi plaza (aunque estoy segura que algún día será mía), pero sé a ciencia cierta, que esta experiencia me está cambiando y me está enseñando de todo lo que soy capaz.

 

Puedes pensar que este es el post más deprimente de la historia, pero lo que quiero que veas es que no estás sola. Que hay alguien más ahí fuera que se siente como tú y que no pasa nada. Te comprendo y sé lo que estás pasando. Y te prometo que saldremos de esta.

 

 

FormArte, el arte de formar

 

 

6 respuesta a “La verdad de ser opositora que nadie te cuenta.”

  1. Qué razón, y cuando encima estás trabajando y llegas con la cabeza llena de ideas para hacer al día siguiente en clase pero sabes que no te puedes permitir pasarte tres horas diseñando cosas guays para los niños y que los meses que quedan tienes que ser simplemente una profe más que haga lo mismo de siempre y te frustras por ser la maestra que no quieres ser pero no tienes tiempo para para exprimir tu potencial preparando las clases.

  2. En cada palabra me he sentido identificada. No podía haberlo expresado mejor… todo llega y todo acaba y te encuentras un tiempo que no sabías que existía… ahora toca aprender a disfrutar de él… te sientes perdida en un mar de íntima satisfacción… espero poder saborearlo eternamente.

  3. Espectacular descripción. Una carrera de fondo donde solo los valientes y quienes entienden y asumen el riesgo de apostar todo y perder, ganan la batalla. Y qué merecida. Ánimo compañeros!!

    Una Futura Polícia.

  4. Pues yo fui opositor para funcionarios/as del, muy antiguo, «Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones»(1979), el examen-concurso-oposición fue en Valencia, el domingo 13 de junio, y todo salió bien, con notable alto,… Ánimo opositores/as que os salga según vuestr@s empeños y esfuerzos.

  5. Hay otro camino:
    Hazte amigo de alguien importante de un sindicato, de la función pública, que esté a su vez conozca a alguien, que este cerca de formación, para que te consiga los temarios apropiados para tu plaza, estudia un poquito y rico rico.
    Es el resumen de un caso real

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