Hemos vuelto al cole para quedarnos, no nos iremos para casa.

Llevamos solamente un mes de curso, pero créeme me han parecido tres.

Entiendo que todos intentamos mantener la calma, el orden, vivir en “nuestra nueva normalidad”, pero con todo lo que acontece alrededor parece algo complicado y por momentos misión  imposible

Este inicio de curso para los más pequeños ha sido muy diferente.

No sólo han desconectado y reseteado su mente por el verano, sino que además este año nos enfrentamos a  la desconexión de compartir clase, recreo, convivir, comer en el comedor, mantener la calma, etc.

Piensa de donde partimos.

Niños y niñas sin ir a clase desde marzo.

Padres y madres teletrabajando.

Y ahora, combinada estas dos cosas.

 

El resultado es:

Niños llamando la atención, desmotivación con la educación a distancia, padres y madres resolviendo problemas escolares y siendo profesores de sus hijos, mientras intentan teletrabajar.

Todo esto es una potente fuente de estrés.

 Y claro, vuelve la vuelta al cole, y los papas tenemos sentimientos encontrados, si bien por un lado intentamos volver a nuestras rutinas, pero por otro lado miedo.

 

Si el miedo a contagiarnos a través de los niños, la falta de planificación laboral y personal ya que dependemos del trascurso de lo que suceda en las aulas, el miedo a ser despedido por no poder atender adecuadamente un trabajo que se ve interrumpido por tener a los niños en casa.

Pero este estrés también lo tenemos en el colegio, y es algo generalizado entre los maestros.

Todos queremos que nuestros alumnos estén bien y extremamos las medidas higiénicas, las distancias, el contacto.

Pero de verdad, en primaria es muy duro por días dar clase.

No somos grupos burbujas y todos llevamos mascarillas, tenemos que forzar el doble la voz, llevar al máximo la vocalización, para que nos puedan entender.

Luego ellos hablan, y es imposible saber quién lo hace, no identificas las voces, con la mascarilla puesta no sabes quien habla, y te pasas todo el día diciendo levantar la mano, que no se quien ha respondido al ejercicio.

A eso le sumas los misterios sin resolver.

Gomas que fueron usadas a primera hora, pero que a segunda no están,.

Rotuladores que pintaban ayer, pero hoy no, el mi amiga me lo deja pero prometemos desinfectarlo.

Todavía algún caraja que se le olvido el almuerzo y el compañero quiere compartir con él porque trajo dos paquetes de galleteas y le quiere dar uno…

Cómo nos sentimos los adultos parece estar claro, pero ¿y los niños?

No nos damos cuenta de que los niños son tan protagonistas de esta situación como lo somos nosotros.

Y ojo que los niños, lo están haciendo fenomenal, no se quejan por el gel, ni por limpiar la mesa, ni por llevar todo el día la mascarilla y no se la bajan, lo están haciendo muy bien.

 

Pero nosotros estamos con dos mil ojos ante posibles dificultades.

 

Pero es lógico que tengan  miedo a contagiarse y contagiar a sus padres, hermanos, abuelos.

 

Por otro lado el miedo de olvidarse de ser responsables con todas las nuevas medidas de distanciamiento social.

 

Y es que  se les olvida cuando están jugando muchas veces, al igual que la mascarilla. Es pavor cuando se dan cuenta que no la llevan bien, muchos no quieren pensar en la opción de volver a estar confinados, porque te dicen que sus padres no saben hacer deberes, no les dejan el ordenador…

 

Y a sus propios miedos , le sumamos los de los padres.

Los niños están todo el día escuchando comentarios del tipo “esto es un desastre”, “no sabemos cómo nos vamos a organizar”, “a mí me da miedo que vuelvan”, “¿y si dentro de una semana tienen que cerrar las aulas.

Mucho de lo que puede ocurrir respecto al Coronavirus no depende de nosotros, pero muchas otras actitudes  sí.

 

Por lo tanto como yo digo a nuestras alumnas en Kadoora, escuchar a los niños, sus miedos, sus inquietudes, busquemos soluciones para que esta vuelta no les resulte tan cuesta arriba.

 

Yo este año creo que le acabaré pidiendo a los Reyes Magos un micrófono para dar clase, porque ya tengo varios compis afónicos, no sabemos respirar bien y no bebemos la suficiente agua…

 

Y con esta nueva situación nuestra salud física, pero también psicológica esta en riesgo, muchas veces es una presión constante la seguridad, higiene, ventilación, distancia…

 

Pero como digo a mis niños del cole “Hemos venido para quedarnos, no nos iremos para casa”

 

 

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