Evita estos errores al introducir tecnología en el aula

No hay duda alguna que la tecnología y las herramientas que nos brinda, han transformado significativamente nuestras vidas y empiezan a transformar las aulas y la forma de aprender. Aún así, queda mucho camino por recorrer y, cada vez, contamos y contaremos con más opciones que nos permitirán aprovechar al máximo la experiencia de aprendizaje.

A pesar de que ha costado (y sigue costando), cada vez estamos más convencidos de integrar la tecnología dentro de las aulas. Se ha demostrado que la tecnología tiene un impacto positivo en la creatividad de los estudiantes, además de hacer que la educación sea más conveniente para ellos. Aprender con tecnología puede ser divertido y muy atractivo.

Sin embargo, es fácil cometer algunos errores en su enfoque y como consecuencia, no obtener los resultados esperados o que, en lugar de ser un plus, acabe desalentando a tus alumnos.

Ser consciente de estos errores, nos ayuda a evitar cometerlos en el futuro e ir avanzando de forma eficaz y eficiente.

¿Quieres descubrir cuáles son los principales errores al introducir la tecnología en las aulas?

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Uno de los errores más comunes al introducir la tecnología en el aula es usar una aplicación o una herramienta específica que no conoces lo suficiente.

Si pides a tus alumnos que usen una aplicación o herramienta específica, es importante que tengas un conocimiento lo más extenso posible de cómo funciona para poder ofrecer orientación. Ya que, como cualquier persona, los alumnos puedes encontrarse con dificultades a la hora de la actividad. Por ello, es fundamental que tú seas capaz de resolver sus dudas y dificultades.

Entonces, usar tecnología que te guste y conozcas es un plus, claro. Peeeero, sea lo que sea que implementes en clase, debes pensar en tus estudiantes y en las vidas que tienen fuera de clase, antes de pensar en ti. ¿Será fácil de usar para ellos? ¿Es acorde con su edad? ¿Es una herramienta que podrían usar en casa? ¿Es de pago? En caso afirmativo, ¿podrían incluirlo sus familias? ¿Se necesitan accesorios para usarla?

Puede haber alumnos que no cuenten con los recursos necesarios para llevar a cabo tareas fuera de clase. Eso no significa no usar tecnología, sino, adaptarlo a la situación, por ejemplo, limitando su uso en clase.

Una de las premisas más acertadas al escoger tecnología es buscar y mantener la simplicidad. Herramientas que tus estudiantes puedan usar con soltura y que no les cueste 5 clases entender cómo funciona.

Las mejores experiencias de aprendizaje son aquellas en las que los estudiantes solo hacen lo que necesitan hacer para aprender lo que necesitan aprender. Cuando se vuelve demasiado complejo, el aprendizaje difícilmente se produzca de forma satisfactoria o en el tiempo previsto.

Otro error común es usar la tecnología por usarla. Simplemente porque es innovador, parece más divertido. Si la tecnología no respalda el proyecto o lección y no está facilitando los resultados de aprendizaje previstos, ¿para qué la vamos a utilizar?

Hay que ser consecuentes. No es necesario tener la aplicación más revolucionaria si lo único que vamos a hacer es proyectar un vídeo de tres minutos o enseñar un esquema en clase.

Y hablando de tecnología revolucionaria… si el programa, app, web que usas en clase, es más mágica que el propio proyecto, también vas a tener un problema. No puede ser que la interfaz robe más su atención que el contenido.

No siempre es posible, pero dejar que los estudiantes participen en su elección, puede ser buena idea. Para que se sientan más cómodos pero también más motivados.

Por último, hay un punto que queremos resaltar: Por mucho que introduzcas nuevas aplicaciones, sitios web o tecnología puntera, tu papel sigue siendo ESENCIAL.

Aunque la tecnología empodera a los estudiantes y a los maestros, no puede reemplazarte.

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