Descubre qué te está frenando como edukadora

La enseñanza es un trabajo duro, sí.

Sin embargo, también es uno de los más importantes y más gratificantes. No se trata de limitarse a ir tirando y cumplir con tu tarea sino, crecer elevando aún más el estándar y sobre todo, disfrutar de la maravillosa misión que llevas a cabo.

Aún así, hay ciertas prácticas que pueden limitarte y que te alejan de este objetivo.

Esto puede deberse a tus creencias, suposiciones falsas, falta de conciencia, apoyo, hábitos, etc.

En esta publicación, vamos a hablar de una de las tendencias más perjudiciales para tu bienestar y crecimiento como maestra. Pero no te creas que este handicap solo te afecta a ti, en general, es un lastre que muchas personas arrastran y que, lo único que consigue es frenarnos.

¿De qué hablamos?

De buscar la perfección.

Ser perfecta en todo momento, es una tarea imposible y que genera más dolor de cabeza que otra cosa. Esta obsesión implica un gran esfuerzo y además, nunca hay un final. Siempre querrás ir a por más y más y, al final, nuestros estándares son demasiado altos y se hace complicado alcanzarlos. Esto te agota y además, viene acompañado por sentimientos de culpa, agobio, frustración y un sinfín de emociones nada agradables.

Y lo que es peor; la creencia que no somos suficiente buenas.

Como maestras, tenemos mucho trabajo por delante. Damos clases, buscamos y seleccionamos recursos para satisfacer las necesidades de nuestros alumnos, supervisamos y hacemos un seguimiento de su progreso y evaluamos nuestras prácticas para mejorarlas. 

Sin contar con todas las reuniones con otros profesores, padres, cursos para seguir formándonos y todo aquello que no se ve.

Trabajamos duro para apoyar a nuestros estudiantes a aprender. Pero, si buscamos la perfección, terminaremos drenando nuestra energía y arruinando nuestra salud.

No podemos hacer que todos nuestros estudiantes participen en las clases, que hagan los deberes y estudien. Si puedes conseguirlo, ¡eso es UNA PASADA! Queremos el truco maestro.

Pero no te culpes a ti misma en caso de que algunos estudiantes se nieguen a trabajar o estén desconectados.

Más que probablemente habrás intentado que lo hagan, has proporcionado opciones y has utilizado recursos interesantes.

Llega un punto que, si has hecho todo lo posible para que se involucren, no puedes machacarte por ello. No te concentres en eso. Deja tu energía para los alumnos que sí están comprometidos de una forma u otra.

Pero la perfección también aparece por otras vías como por ejemplo, la sobre planificación.

A veces, especialmente al principio, intentamos buscar muchísimos recursos para nuestras clases, pensar mil maneras ingeniosas de presentar algunas lecciones, introducir nuevas prácticas y todo lo que se te pasa por la cabeza. Por lo tanto, acabas pasando la mayor parte del tiempo buscando más actividades y materiales que puedan ser de interés que otra cosa. Y terminas con una gran carga de trabajo que te desgasta, te agobia y te hace sentir poco capaz y válida.

ERROR.

Evita esto. Concéntrate en las necesidades e intereses de tus alumnos y piensa en su tiempo y en cómo apoyar a tus alumnos para que aprendan lo máximo posible.

Piensa que a medida que sumes años de experiencia, tendrás más cosas por la mano y podrás ir introduciendo novedades. No es necesario que lo hagas todo en tu primer o segundo año, puedes ir poquito a poco e ir viendo cómo reaccionan tus alumnos.

Tampoco te estreses con el planing montado en un principio. Está muy bien tener una hoja de ruta pero es complicado llegar a todo lo que has planeado o a todo el contenido que se pretendía dar. ¿Recuerdas terminar algún libro de texto durante tus años escolares?

Quizás es que nosotros íbamos muy lentos pero pocas veces conseguíamos terminarlos.

Además, como decimos siempre, los imprevistos suceden continuamente. La Ley de Murphy siempre se cumple.

Por lo tanto, no te vuelvas loca con eso. No eres peor maestra por no llegar a todo, sigues siendo una gran edukadora.

Elimina aquello que no sea tan relevante y reflexiona sobre cómo usar tu tiempo para conseguir los mejores resultados. Y tampoco te olvides de tus estudiantes; necesitan respirar y desconectar.

Tus alumnos necesitan una maestra contenta, motivada y con toda la energía. No necesitan una profe perfecta; necesitan que estés ahí y que les ayudes a aprender y a crecer.

Nadie puede ser perfecto, solo tratar de hacerlo lo mejor que sepamos.

“And now that you don’t have to be perfect, you can be good” John Steinbeck

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