Descubre cinco estrategias para reducir la charla en clase

Hay veces que no hay forma que tus alumnas y alumnos dejen de hablar. Hay un murmullo generalizado que te vuelve loca. Sabes que nada tiene que ver con el tema que estáis aprendiendo y estás a un paso de pegar el chillido más monumental de la historia. Este tipo de cháchara incluye todas esas conversaciones secundarias, discusiones fuera de tema y toda la charla general en el momento equivocado y en el lugar equivocado que, a menudo, se lleva a cabo en las aulas.

Muy distinto de las discusiones académicas, conversaciones enriquecedoras y las preguntas interminables que proporcionan un entorno de aprendizaje próspero.

Sí que queremos que los alumnos/as hablen, pero queremos que hablen de lo que toca, ¿verdad?

Entonces, ante este panorama… ¿Cómo les ayudamos a dejar la charla social para el recreo y a enfocarse en su aprendizaje?

Antes que nada tenemos que recordar que tus estudiantes – como la mayor parte de seres humanos – necesitan hablar (algunos más que otros).

Pongámonos objetivos, teniendo en cuenta cómo se estructuran las clases… ¿cuántas oportunidades tienen de hablar de sus cosas de forma más social?

¿El recreo? ¿La hora de comer?

Más o menos cada horita o dos horas deberíamos asegurarnos de que  tengan unos minutos para despejarse y poder hablar entre ello tranquilamente. Como breaks para que puedan desconectar y darle al palique un ratito.

Estrategias para reducir la charla en clase:

1. Configuración de tiempo de silencio

Hay ciertos momentos en los que nos gustaría que los estudiantes permanezcan realmente en silencio, como durante una prueba o un trabajo independiente, o cuando estamos dando instrucciones. A menudo, nos lanzamos a estas actividades sin dar expectativas claras. ¡No asumas que los estudiantes saben que esperas silencio durante estos tiempos! Es mejor que establezcas expectativas cada vez y que sigas una pauta para hacerlo:

Período de tiempo: Para los próximos X minutos, necesitaré que todos estéis en silencio.

Recordatorio: Recordemos que el silencio significa que no hay voces, sonidos o interrupciones.

Razón: La misión de este silencio es que todos vosotros tengáis un lugar tranquilo para concentraros y hacerlo tan bien cómo sabéis.

Al establecer un período de tiempo claro, los estudiantes saben cuánto tiempo necesitarán para mantener el silencio y ¡hay un punto final! Sin un punto final, guardar silencio puede parecer imposible para muchos niños y ni siquiera lo intentarán. También querrás ser realista acerca de la meta. Al principio de curso, el lapso de tiempo que consigan estar en silencio será más bajo, pero con la práctica puede aumentar rápidamente.

El hecho de darles un motivo para ese silencio también ayuda sobremanera. Cuando entienden las razones y las cosas no son por qué sí, están mucho más predispuestos a colaborar.

2. Ser un ejemplo a seguir.

De poco sirve esperar que tus estudiantes mantengan el silencio mientras trabajan si tú te pones a hablar con un alumno a voz normal, con el profesor que entra, si reprendes a otro alumno en voz alta, etc.

El mejor ejemplo eres tú.

No podemos esperar que los alumnos hagan solo lo que digas pero no lo que haces. Eso no termina de funcionar.

Cuando los alumnos deban trabajar en silencio, adopta tú también ese silencio. Usa una voz susurrante si debes hablar con algún alumno o profesor y, en lugar de alzar la voz usa señales silenciosas para recordar a tus estudiantes que permanezcan en silencio. Por ejemplo, colocar una mano sobre el hombro de quién esté hablando.

La calma evoca la calma.

3. Adelantarnos a los problemas y a su solución

Una de las cosas que a menudo provoca hablar durante los momentos de silencio es que los estudiantes tienen problemas que no saben cómo resolver. Terminan distraídos de su propósito, pidiendo ayuda a un vecino o buscándote. Puedes evitar mucho de esto resolviendo algunos problemas con la clase de antemano. Simplemente piensa en los problemas potenciales que podrían surgir y anota qué hacer en esta situación.

4. Poner música

Como mencionamos anteriormente, hablar es a menudo un hábito, y algunos estudiantes se sienten más cómodos cuando hay ruido de fondo. Quizás porque en su vida diaria están acostumbrados a vivir con charlas constantes o ambientes con ruido. Una de las maneras más fáciles de enfrentar este desafío es poner música tranquila cuando tenemos mucho rato de trabajo silencioso. La música llena el silencio que puede hacer que algunos niños/as se sientan incómodos, y actúa como un recordatorio de que actualmente estamos en un tiempo de trabajo silencioso. Incluso puedes decir: «Trabajaremos en silencio durante 20 minutos. Sabréis que el tiempo se acabó cuando termine la música «. La clave es elegir música que sea instrumental (sin palabras) y que establezca ese ambiente de calma en el aula.

5. Sistema de recompensas.

Si has intentado todo lo anterior y no termina de funcionar, puedes probar una última estrategia: un sistema de recompensas. ¿En qué consistirán estas recompensas? Precisamente en tiempo para hablar. Antes de empezar una actividad que requiera silencio puedes avisar a tus alumnos que si durante X tiempo logran permanecer en silencio y concentrados, al finalizar este tiempo habrán ganado 5-10 minutos de charla libre.

Es positivo poder tener estos breaks para hablar todos los días ya que también les permite saber en qué momentos puede hablar, por lo que si se mueren de ganas de contar algo, saben que solo tienen que esperar hasta ese momento.

Como todo, conseguir que tus alumnas y alumnos hablen menos durante las clases, tomará su tiempo.

No es fácil y es poco probable que nunca más vuelva a pasar. Sin embargo, podemos conseguir que se reduzcan y que aprendan cuándo es el momento de hablar de sus cosas y cuándo no.

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