Cómo dar negativas: Tienes derecho a decir NO.

 

Aprender a decir que no es difícil.

A veces, te ves envuelta en situaciones que no quieres, te dejas llevar por otros o por las circunstancias y terminas haciendo cosas que realmente no te apetece hacer. Y todo por no haber sido capaz de decir NO.

Seguro que alguna vez te han propuesto algo, dentro de ti te has repetido veinte veces “no, no, no, ni de coña” y sin saber cómo, te encuentras haciéndolo. .

 

¿Por qué es tan complicado decir la palabra “NO”? Es solo una palabra, ¿verdad? Y encima con solo dos letras.

 

Decir que no es difícil para muchas personas. ¿Por qué? Puede haber distintos motivos pero generalmente nos encontramos el miedo. Miedo a quedar mal, a decepcionar a alguien, a hacer enfadar a alguien, a no parecer capaz, etc.

Como niños aprendimos que decir que no era descortés o inapropiado. Estaba fuera de los límites. No era sensato decirle a tu madre, padre, tíos o profesores que no a algo que te pedían. Y a partir de ahí, la creencia de que decir que NO es grosero se arraiga.

 

Este no es un reto solo para ti, muchas personas tienen la misma asignatura pendiente.

 

Primero de todo, debes tener MUY claro que decir que no, NO significa que eres una mala persona, grosera, egoísta o que no puedes hacerlo.

 

Claro que es importante ser flexibles, prestar nuestra ayuda y tomar ciertos riesgos, pero también es fundamental priorizar por nosotras y hacer aquello que realmente queremos hacer.

Antes de decir que no, asegúrate que te niegas por los motivos correctos y no por miedo ante una situación nueva.

Puede ser una buena táctica hacerte algunas preguntas:

 

¿Por qué dices que no?

¿Es porque realmente no quieres hacerlo? ¿No crees en lo que te están pidiendo/planteando? ¿o es más algo así como que crees que no eres suficientemente buena en eso? (y si es este el caso, ¿por qué no te atreves a desafiarte a ti misma?).

 

Si no estás segura de cuál es el motivo puedes crear un mapa conceptual para entenderlo. Coje una hoja, dibuja un círculo en medio de la página y escribe: “no quiero hacer X porque…”. Dibuja círculos más pequeños alrededor y escribe todo aquello que se te pase por la cabeza que pueda estar frenándote a aceptar.

Al empezar a rascar y anotar razones, vas a acabar tirando del hilo y descubriendo cuál es la verdadera razón.

 

¿Realmente merece la pena decir que sí?

 

¿Qué es lo que quieres? Dependiendo acerca de a que quieras decir que no, este puede ser un buen momento para parar a reflexionar acerca de ese aspecto. Si por ejemplo es algo relacionado con tu trabajo, entender qué nos impulsa a dar una negativa puede ayudarnos a ver hacia dónde queremos ir.

Y una vez descubierta o percibida la meta, toca pensar cómo llegar a ella.

Si sea lo que sea, ya tienes claro que tu respuesta es que no (y eso está más que perfecto), toca transmitirlo.

 

Lo que más cuesta es decirlo, pero no te andes por las ramas ni ofrezcas excusas. Di directamente NO.  Si dudas, titubeas o das vueltas antes de dar la respuestas, solo estás proporcionando una oportunidad a la otra persona para intentar convencerte.

Si lo consideras oportuno y necesario, puedes dar una breve explicación, pero no te sientas obligada a ello. Y tampoco tienes que disculparte por decir que NO.

 

Hay muchas formas de decir que no, pero si lo haces de forma asertiva y cortés, no tienes de qué preocuparte. “Lo siento, no puedo hacerlo en este momento, pero te lo comunicaré cuando pueda” o “Aprecio que me lo hayas pedido, pero en estos momentos no puedo dedicarle tiempo para hacerlo bien” son fórmulas comodín que puedes usar si no sabes cómo hacerlo.

Según el caso, siempre puedes ofrecer una alternativa que satisfaga sus necesidades y, al mismo tiempo, sea algo más preferible para ti. Pero repetimos: NO TIENES LA OBLIGACIÓN DE HACERLO.

 

Si el no se lo estás dando a un amigo, familiar o alguien de confianza, no temas. Una relación fuerte puede resistir a algún que otro no. Y si no es así, no es tu problema. Cuando alguien no puede aceptar un no, significa que esa persona no te valora y respeta tanto como debería (y que tiene algún que otro problema a la hora de aceptar negativas).

Mantente firme y no te sientas obligada a rendirte solo porque esa persona no se lo toma bien.

 

A veces una tiene que ser egoísta y mirar por sí misma. Tienes que aprender a poner tus necesidades primero y no las de la persona que te está pidiendo algo.

 

Para evitar aceptar por no ser capaz de decir que no, puedes primero ganar algo de tiempo para pensar la situación y afrontar el momento. Pide unos días para reflexionar

 

Aprender a decir que no es una de las mejores cosas que puedes hacer por ti misma. Te desafía a superar tus miedos y te ayuda a sentir que tú tienes el control.

 

Y como en comer y en rascar, en decir que no, todo es empezar.

FormArte, el arte de formar.

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