Cambia tu vocabulario

Pero ¿Cómo funciona esto que llaman vocabulario transformacional?

Imagínate que tus cinco sentidos, canalizan una serie de sensaciones hacia tu cerebro.

Pero ¿Cómo sabemos lo que significan estas imágenes, sonidos y otras sensaciones?

Una de las formas que ha aprendido el hombre para decidir con rapidez lo qué significan estas sensaciones consiste en crear etiquetas para ellas y esas etiquetas son lo que tú y yo conocemos como “palabras”

Todas tus sensaciones te llegan a través de este túnel como si fueran sensaciones líquidas vertidas a través de un conducto delgado en varios moldes llamados palabras.

Desgraciadamente la mayoría de nosotros, no hemos evaluado conscientemente el impacto de las palabras que estamos acostumbrados a usar. El problema se plantea cuando empezamos a verter consistentemente cualquier sensación negativa, en una palabra-molde.

Me explico, yo puedo decir, estoy frustrada, y es muy posible que la palabra no refleje la verdadera experiencia del momento. En cuanto situamos este molde alrededor de nuestra experiencia, la etiqueta que le ponemos se convierte en nuestra experiencia, Así es cómo lo que era un poco agobiado o bajo de moral, se convierte en frustración devastadora.

Todos podemos tener las mismas sensaciones, pero la forma que usamos para describirlas es lo que se convierte en nuestra experiencia

Esa es la esencia del vocabulario transformacional: las palabras que usamos para describir nuestra experiencia se convierten en nuestra experiencia. Comentaba ayer con mi pareja que cuando me enfado, y cojo un verdadero cabreo, he optado por dejar de lado, expresiones del tipo “Estoy hasta las…”  Por “estoy bastante crispada.” Y eso en situaciones en que me veo al límite de mi paciencia.

Y el hecho de utilizar ese otro vocabulario, me cambia inmediatamente la sensación de ira o de estar fuera de control, por la de, “Bueno es lo que hay, habrá que ponerle solución”.

Por lo tanto, debemos elegir conscientemente las palabras que usamos para describir nuestros estados emocionales, o de lo contrario sufriremos más de lo que realmente está justificado.

De hecho, las palabras tienen un efecto bioquímico.

Puedes pensar si hay algunas palabras que pronunciadas por alguien provocan en ti una reacción emocional. Hay una palabra que a mí en concreto me despierta mis instintos más desagradables, cuando oigo el insulto “asqueroso». No es lo mismo que me llamen imbécil a que me digan atontado, evidentemente mi reacción no es la misma. Todos vinculamos tremendos niveles de dolor a ciertas palabras.

Diversos lingüistas estudiaron que de todo el vocabulario que pueden ser unas 700.000 palabras, sólo utilizamos una media de entre 2000 y 10.000 palabras de las cuales unas 3000 están relacionadas con emociones, pues de estas por ejemplo para la tristeza utilizamos unas 250 palabras mientras que parta la alegría unas 100, ¡ No es de extrañar que nos sintamos mal, en lugar de sentirnos bien.

Las palabras son asimismo el tejido del que están hechas todas las preguntas, al cambiar una sola palabra en una pregunta, podemos cambiar instantáneamente la respuesta que obtendremos. Por ejemplo, si yo le digo a mi hijo “¿Te das cuenta de que tienes la habitación echa una mierda?” Despertará una emoción interna distinta de si le digo” ¿Te das cuenta que que tienes la habitación completamente desordenada?”.

Es más quiero ir un poco más allá, habréis oído muchas veces la frase “Quienes duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición?

Y es cierto, pero ¿Os habéis parado a pensar que las personas comienzan a utilizar el mismo lenguaje y a provocarse mutuamente emociones semejantes? al adoptar el vocabulario habitual de otra persona se empiezan a adoptar también sus pautas emocionales

El vocabulario tranformacional puede permitirnos intensificar o disminuir cualquier estado emocional, tanto positivo como negativo. Eso significa que nos da el poder para tomar los sentimientos más negativos que haya en nuestras vidas y disminuir su intensidad hasta  el punto en que ya no nos molestan más y domar las experiencias más positivas y llevarlas hasta niveles más altos de placer y bienestar.

Con todo esto no significa que yo no pueda sentirme enfadado, o hasta las narices o……. El enfado puede ser en ocasiones una emoción muy útil, pero lo que no queremos es que nuestras emociones negativas sean nuestras herramientas predilectas, tenemos que aumentar nuestras alternativas. Hazte el propósito, de ir cambiando algunas palabras que te producen verdaderos sentimientos negativos, cambia la palabra vieja por la palabra nueva.

 Disfrutaras del placer casi inmediato de cambiar tus pautas y de provocar en ti nuevas emociones.

Pero no solo nos sirve para disminuir la intensidad negativa, también nos ofrece la oportunidad de intensificar poderosamente nuestra experiencia de las emociones positivas, Cuando alguien te pregunte cómo estas, en lugar de decir, “bien “o “muy bien» puedes sorprenderle y decirle, “me siento feliz o me siento estupendísimamente” …

Por muy simple que te parezca, lo cierto es que esto crea una nueva pauta en nuestra neurología, Trata de utilizar las palabras buenas para estimular la actual experiencia de tu vida.

 En los próximos días añade a tu vocabulario las que te parezcan mejor o más divertidas y cuando utilices la vieja, cámbiala inmediatamente por la nueva palabra, resultará un juego que puede cambiar tu forma de vivir las emociones, en conclusión puede, cambiar tu estado de ánimo,  puede cambiar tu vida.

Kadoora, te abrimos las puertas del cole

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